sábado 14 de noviembre de 2009

INMUNIDAD A LA PERUANA

EE.UU: Quiebra y sigue...

Las quiebras bancarias en EEUU en 2009 ya van por 122

Mientras las Bolsas se ilusionan con que la crisis financiera acabe en el 2011 en base a un decreto formulado por analistas…en crisis, la realidad sigue su quebrado curso. Así, en EEUU, dos entidades bancarias más de Florida, la Orion Bank y Century Bank, quiebran y se suman a una larga lista que crece cada semana.
La cifra de bancos intervenidos por los reguladores estadounidenses aumenta cada semana. En lo que va de año ya se han registrado un total de 122 quiebras. Ahora les ha tocado el turno a dos entidades de Florida, Orion Bank y Century Bank.
El primero de ellos tenía un total de 2.700 millones de dólares en activos y 2.100 millones en depósitos hasta el 31 de octubre, según ha informado el regulador estadounidense.IberiaBank se ha comprometido a asumir los depósitos de dicha entidad por lo que se ha informado a los clientes de que este sábado se abrirán las oficinas bajo su tutela.
Asimismo, IberiaBank también asumirá la responsabilidad de la segunda entidad intervenida este viernes en Florida, el Century Bank, que contaba con un total de 631 millones de dólares en depósitos hasta el 31 de octubre.
Todo esto viene sucediendo realmente mientras las Bolsas basan sus subidas actuales en las ilusiones de que los bancos vuelvan a beneficios astronómicos para el 2011. Unas ilusiones que hacen temer a otros que se esté provocando una nueva burbuja financiera, pues al fin y al cabo aquí todo se está apuntalando echando manos de un déficit público al servicio de las grandes entidades bancarias que además puede provocar una crisis monetaria. Hasta el mismísimo Felipe González – siempre celoso de que se le siga considerando entre las voces autorizadas a tener en cuenta – no duda en afirmar de que "estamos incubando otra crisis financiera" (elEconomista.es)

Y para variar, si hablamos de burbujas, en nuestro chispeante y muy folclórico sistema financiero, parecieran decididos a servir harta cerveza con sifón y champagne agitando la botella. Aun se insiste en vendernos el tongazo de la recuperación de la bolsa mientras los clásicos estafadores huyen al mas puro estilo de los tres chiflados (al final de la historia) pero en silencio y dejándonos una de esas yucazas que demoran años para poder sacarla completa.
AFPs, bien gracias. Bancos, como la gran flauta. Agentes de bolsa mismo fucking untouchables en plan de embauca bobos.
¿Todavía funciona la Superintendencia de Banca y Seguros? ¿O quienes controlan a las manejadoras privadas de fondos de pensiones, o al Wall Street cholo?
Esperemos pues que no se les ocurrar quebrar de imprevisto porque evidenciaría lo que todos sabemos: el gobierno por medio de sus bien pagados funcionarios panzones del BCR sostiene la crisis de sus amigos tagarotes largando innumerables salvadidas económicos (esperando que por ahí les ligue algo en el camino) a los amigotes para que puedan salvar su roto y patético librito contable.
Ojo al piojo, que pica.
-----------------------------------

DIEZ TOMAS DE SARA CORRALES










-----------------------------------

EL MALDITO SISTEMA


Los muertos de hambre del capitalismo
Carlos Marentes
Rebelión

En una nota publicada el 28 de octubre pasado, La Jornada informaba que en un pueblecito rural de San Luis Potosí, llamado Charco Cercado, los pobladores se dedican a cazar ratas para comer. Esto se debe a que el campo ya no produce y la mayoría no tiene un ingreso seguro para comprar el maíz y el frijol necesario para alimentar a las empobrecidas familias.(1)
No me sorprende que en Charco Cercado la gente pobre tenga que cazar ratas para alimentarse. Hace tiempo estuve en Zacatecas acompañado de mi hijo Carlos cuando se nos ocurrió ir al mercado de comidas. A la entrada del mercado, unos campesinos ofrecían ratas muertas como si estuvieran vendiendo pollos. Las amas de casa se acercaban y después de mirarlas detenidamente señalaban la que querían. El campesino tomaba la rata y con un filoso cuchillo la despellejaba, la envolvía en papel de periódico y la entregaba a la compradora al tiempo que le decía: “Son cincuenta pesos, marchanta...”
Tampoco nos debe sorprender que haya hambre en Charco Cercado. México continúa siendo uno de los países con los más altos niveles de pobreza y de desigualdad del ingreso de acuerdo a la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (2), por tanto muchísimos mexicanos, sobre todo de las zonas rurales, no tienen comida en sus hogares ni dinero para comprarla. Ellos son parte de los más de cinco millones de mexicanos que para el 2008 habían caído en la pobreza extrema, empujados por el modelo neoliberal capitalista de mantener una clase privilegiada a través del sacrificio y el sufrimiento de la clase trabajadora.
Pero la historia de Charco Cercado se repite por todos lados. La crisis alimentaria continúa agravándose cada día como resultado de la crisis del sistema capitalista. Y aunque el hambre se ensaña particularmente con las poblaciones rurales de los países llamados en “vía de desarrollo”, no nos debe extrañar que ya ha llegado con fuerza hasta el Norte, a los países más poderosos del planeta. Se calcula que en Estados Unidos, por ejemplo, 39 millones de americanos, incluyendo más de 13 millones de niños, padecen hambre.(3) Sin embargo, siguen siendo los pueblos del Sur, víctimas del neocolonialismo, de la explotación del trabajo y la depredación de los recursos naturales, del saqueo del capital extranjero y las políticas económicas neoliberales impuestas por el Norte, donde el hambre ha alcanzado las proporciones de una catástrofe mundial.
La crisis alimentaria es tal, que en su más reciente informe, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), señala que “en 2009 hay 1,020 millones de personas subnutridas en todo el mundo” y que esto constituye “la mayor cifra de personas hambrientas desde 1970”. El informe nos da otro dato muy ilustrativo de las causas del aumento del hambre: “El incremento de la inseguridad alimentaria no es el resultado de malas cosechas, sino de los elevados precios nacionales de los alimentos, los menores ingresos y un desempleo en aumento, que han reducido el acceso de las personas pobres a los alimentos...”(4)
Esto quiere decir que la crisis económica actual, combinada con el alza en los precios de la comida (“A finales de 2008, los precios nacionales de los alimentos básicos seguían siendo, de media, un 17 % superiores en términos reales a los de dos años antes”, de acuerdo al mismo informe) se han convertido en un cóctel mortal para millones de seres humanos. El sistema empuja a la población ya empobrecida a condiciones de mayor pobreza despojándola de su capacidad para alimentarse.
¿Por qué se muere de hambre la gente en estos tiempos modernos de grandes avances en el conocimiento, la ciencia y la tecnología en la producción agrícola?
Muy simple, porque vivimos bajo un sistema económico donde la comida es una mercancia y como todas las mercancias, tiene su precio. La gente que necesita esta mercancia, es decir que tiene que comer, tiene que comprarla. Esta es la esencia del capitalismo, la producción de mercancias que tienen valor de cambio.
Se trata de un proceso que convierte a las necesidades de la sobrevivencia humana, como la comida, en productos que no solamente tienen valor de uso, la utilidad de ese producto al ser humano para consumo, pero también un componente de ganancia. A estos productos se les agrega esta condición a través de la explotación del trabajo humano, de la expropiación del verdadero valor de su poder laboral para convertirse en mercancía con valor de cambio. En sí, se efectúa la transformación del valor verdadero del poder laboral de trabajador como un proceso natural aceptable dentro de la producción de esta mercancía y cual se dice ser remunerada con los miserables salarios. Al mismo tiempo esta expropiación del valor creado es el ímpetu de la generación de ganancias que son las que contribuyen a la acumulación de capital (la riqueza) en manos de un pequeño grupo de expropiadores, que es una condición indispensable para sostener al sistema capitalista.
Como el ser humano no puede prescindir de la comida, la producción de esta mercancia garantiza la permanente obtención de ganancias para los monopolios que la controlan.
Esto explica por qué en medio de esta crisis económica tan devastadora para la población, las corporaciones que controlan el sistema alimentario, han visto aumentar sus ganancias. Hormel Foods, basada en Austin, Minnesota, tuvo ingresos por 77.2 millones de dólares en el tercer timestre que terminó el 26 de julio de este año. Estos ingresos superaron los pronósticos de los analistas y permitieron a Hormel anunciar recientemente la creación de MegaMex Foods, con la corporación mexicana Herdez del Fuerte para intentar capturar el mercado de comida mexicana en los Estados Unidos y en otros países. (5) Mientras millones de personas padecen hambre y todo mundo lamenta los impactos de la crisis, las corporaciones se dan el lujo de aumentar los dividendos para los accionistas y las jugosas bonificaciones a sus ejecutivos. Esto es lo que llamamos la apropiación de la riqueza producida por la fuerza de trabajo. Tal es el caso de ConAgra Foods Inc., que durante su más reciente junta de accionistas, su CEO o jefe ejecutivo, Gary Rodkin, los sorprendió con un buen aumento ya que según les informó, “durante el primer trimestre del 2010 habían tenido ventas por $1.86 mil millones de dólares incrementando sus ganancias operativas en 34 por ciento”. (6)
Bajo el capitalismo las mercancias son producidas por la clase trabajadora, en este caso de la comida como mercancia, por trabajadores agrícolas que son principalmente migrantes. En Estados Unidos, por ejemplo, ocho de cada diez trabajadores del campo son mexicanos. En España, los asalariados de la agricultura vienen del continente africano, de Sudamérica o de la arruinada Europa oriental. Además, dentro de muchos países la agricultura es desarrollada por los migrantes nacionales o interestatales. Por ejemplo, los nicaragüenses van a Costa Rica y los haitianos van a la República Dominicana. Muchos de estos trabajadores agrícolas migrantes reciben un salario miserable por producir la comida que sostiene a la humanidad. En la región de El Paso, Texas, frontera con México, los piscadores de chile solamente tienen un ingreso anual de $6,000. Si el nivel de pobreza oficial norteamericano para una familia de 5 personas es de $25,790, entonces quiere decir que estos piscadores ni siquiera ganan lo suficiente para alcanzar el status oficial de “pobres”.
Las mercancias también son producidas por campesinos que son forzados a producir no lo que necesitan sus familias o su comunidad para alimentarse, si no lo que los gobiernos les imponen a través de sus políticas agrícolas, los programas de ajustes estructurales previos y los tratados de libre comercio, como el Tratado de Libre Comercio con América del Norte. Esta presión se da por medio del control del agua para riego, de los subsidios y de los programas de ayuda al campo. Pero la presión más importante viene de la pandilla de monopolios que controlan las semillas, los fertilizantes, la maquinaria, los préstamos y los mercados. Esta banda de monopolios cuenta con la complicidad de las oligarquías nacionales, pero sobre todo de los gobiernos, so pena de un golpe de estado como ocurrió en Honduras.
La lógica de este sistema capitalista entonces es que la comida, como mercancia con valor de cambio, debe generar ganancias. No se trata de erradicar el hambre porque esto no es rentable. El hambre es precisamente el negocio. Los que tienen, mejor dicho, los que todavía tienen a pesar de la crisis, pueden alimentarse. Los que no tienen nada están condenados por el capitalismo a ser muertos de hambre.
Dentro de pocos días inicia en Roma, Italia, la Cumbre Mundial de la Seguridad Alimentaria de la FAO. Ahí se reunirá la mayoría de los países miembros para compadecerse de la lamentable situación actual del hambre. En 1996 llevaron a cabo otra cumbre similar. Entonces se estimaba que había 830 millones de personas con hambre y se discutieron planes para aliviar el problema. Pero 13 años después tenemos que los estados y las instituciones de los estados no solamente no lo disminuyeron sino que aumentó a más de mil millones las personas con hambre y que sigue aumentando todos los días. Claro, ni la FAO ni los estados miembros van a tocar los intereses del puñado de corporaciones que controlan la comida en el mundo, ni mucho menos van a cuestionar al sistema económico, el capitalismo, responsable de la tragedia del hambre. A lo más que llegarán será a manipular el problema para consumo mediático tal y como ha ocurrido en estos últimos 13 años. Por ejemplo, al hambre ya no le llaman hambre, lo cambiaron con el término de “inseguridad alimentaria” o “food insecurity”. Así que no hay que esperar mucho de esta cumbre más que programas diseñados bajo la tutela de los ambiciosos ejecutivos de Cargill, Nestlé, ConAgra, Monsanto, ADM, Coca-Cola, etc.
Pero junto a esta cumbre, los movimientos sociales también llegarán a Roma para decirle a todo el mundo que hay otra alternativa al problema del hambre. Esta alternativa fue presentada por primera vez por La Vía Campesina, precisamente durante la cumbre de la FAO de 1996. Es la alternativa ante la crisis alimenticia generada por el sistema capitalista. Es una alternativa que no considera a los alimentos como mercancias de cambio, sino como elementos esenciales para la vida humana, productos del trabajo humano para su consumo y uso y no para el mantenimiento y regeneración de este sistema devastador. Es la alternativa de la soberanía alimentaria; del derecho de los campesinos a seguir siendo campesinos, del derecho de los pueblos a tener la comida en calidad y cantidad suficiente y de acuerdo a su cultura, y del derecho a los pueblos a definir libre y democráticamente sus propias políticas alimentarias. Ahí en Roma, La Vía Campesina junto con los más importantes movimientos sociales, estará presente para reafirmar, como lo hiciera el campesino vasco, Paul Nicholson, en Ginebra en el 2007, de que se terminó el tiempo del neoliberalismo, de que ahora “es el tiempo de la soberanía alimentaría”.
FUENTES:
(1)
http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2009/10/28/crisis-economica-deja-cada-vez-mas-pobres-en-mexico
(2)
http://www.oecd.org/dataoecd/45/39/41527743.pdf
(3)
http://mwcnews.net/content/view/32753/26/
(4) “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2009”
http://www.fao.org/docrep/012/i0876s/i0876s00.htm
(5)
http://www.hormelfoods.com/newsroom/whatsnew/20091026a.aspx
(6)
http://www.omaha.com/article/20090926/MONEY/709269946

------------------------------------

NOS SIGUEN PEGANDO ABAJO (BIS)


Sicosis mass media para imponer golpes de Estado
Semiótica de los métodos old fashion
y del golpismo new age
Fernando Buen Abad Domínguez
Rebelión /Fundación Federico Engels/Universidad de la Filosofía

Operación “crispación”
También en Argentina, como si acabaran de llegar al planeta tierra, las pandillas mediáticas repiten, con histeria prefabricada, su horror moralista ante el incremento de la “inseguridad”, la “delincuencia” y “crimen organizado”. Alzan la voz incluso los “famosos” de la tele para exhibir su indignación de clase cronometrada y dramatizada antes de dar paso a los anuncios publicitarios. Venden seguros anti robo, puertas blindadas, pistolas, balas y todo tipo de fetiche capaz de inspirar tranquilidad a los apetitos fascistas de los burgueses asustados. Además, la escalada opinológica de las farándulas mass media pone en marcha su personalista habilidad para distorsionar la realidad y usarla como ariete político. La ultraderecha cree que ella sabe mejor que nadie como “controlar” la delincuencia y saca a relucir sus tesis, añejas, y bobaliconas, reductibles a la “mano dura”. Sus propuestas nuevas son los viejos métodos represivos.
Las coincidencias burguesas son sospechosas
De un canal a otro, de una radio a la siguiente, en las páginas de los diarios y en sus blogs horrorizados, la oligarquía mediática latinoamericana despliega sus lamentos moralistas como plañidera tarifada en defensa de la “paz”, la “tranquilidad”, “propiedad privada”, en defensa de sus bienes y sus patrimonios y en defensa de su “autoridad” –improbable- para hablar en contra de la “violencia”. Es la misma derecha que financió horrores como Pinochet, como Videla... como Micheletti... la que llora lágrimas de cocodrilo por la “delincuencia” que se ha “desatado”. La derecha recalcitrante que guarda silencio celoso, y cómplice, con las bases militares yanquis en Colombia. Esa misma derecha mass media, que ha vuelto mercancía jugosa los actos delictivos, la que se solaza hasta la nausea repitiendo mañana, tarde y noche los detalles más morbosos de los asaltos, los asesinatos, los secuestros y los episodios del narcotráfico continental.
Los causantes de la crisis lloran asustados mientras responsabilizan a los “delincuentes” pobres
Las condiciones objetivas de miseria y barbarie, que sofocan a la clase trabajadora, son obra de las burguesías explotadoras que hoy reprimen toda expresión de malestar social ocurra donde ocurra. Su arma estratégica predilecta inflama, con mass media, una “opinión pública” a modo para crear condiciones subjetivas con ambigüedades a granel. Está de moda alentar “psicosis colectivas” fabricadas por los opinólogos y los payasos de la tele que han endurecido sus reclamos con retóricas fascistas de todo tipo. Quieren “mano dura”. Como siempre y como nunca. Tal cual hizo Bush con el pretexto del “terrorismo”.
Formas viejas reloaded para desestabilizar y apresurar “cambios” regresivos
Alaban su “democracia” para reprimir las expresiones democráticas de los trabajadores. El modus operandi de las oligarquías, disfrazado con legalidad golpista, calienta las calles con animosidad desestabilizadora mientras se bañan con pureza demagógica apelando a su evangelio de democracia burguesa. Una y otra vez se ha visto esta trampa. Mientras tanto millones de personas arrojadas al abandono más absoluto viven en la desesperación y en la injusticia. Quieren que Cristina salga pronto, quieren sacar rápido de Chávez, quieren obviar la presidencia de Correa y quieren que Evo se vaya rapidito. Y quieren que Fidel se muera pronto. Y están dispuestos a pagar por ello.
Una guerra de significados para invisibilizar las verdaderas intenciones burguesas
El capitalismo es por definición la “inseguridad” misma. Es por definición corrupto, es por definición violencia y es por definición depredador de la humanidad. Las personas son mercancía, la acumulación del capital produce condiciones de existencia bárbaras, obliga a los más débiles a una sobrevivencia extrema y supedita la moral al lucro, al dinero parasitario y a la violencia contra quien no quiera un modo de vida así. El capitalismo es el colmo de los absurdos, de las mentiras y de la hipocresía.En realidad los peores delincuentes poseen bancos, poseen campos agrícolas y ganaderos, poseen plantas empresariales, regentean iglesias y cúpulas burocráticas. Desde ahí se cometen los robos, los crímenes, los secuestros y los desfalcos más horrorosos. Por eso lo único que se les ocurre es incrementar fuerzas de la derecha para aumentar la represión contra la clase obrera y los sectores populares que día a día expresan con mayor fuerza su malestar y sus programas transformadores. Lo que ellos llaman “incremento de inseguridad”, suele ser un pretexto para remover gobiernos democráticos y basan su táctica en la invención de cierta picosis colectiva, incubada desde los medios de comunicación serviles. Levantan la bandera de la “inseguridad” como estandarte de un movimiento de la derecha cuyos objetivos son absolutamente claros y reaccionarios: endurecer códigos penales, llenar las calles de picías y dar más poder a las fuerzas represivas del Estado capitalista (policía, jueces y militares). Más poder a la represión en contra de los trabajadores y el pueblo pobre. Sólo a los trabajadores les importa realmente la inseguridad, toda, que se vive en nuestros barrios y países. La delincuencia y la inseguridad la padecen realmente los trabajadores y sus familias, venga de quien venga, ya sean cúpulas empresariales, bancarias, clericales o terratenientes... o sean personas degradadas, por el capitalismo depredador, y orilladas hasta la ignominia al mundo del hurto, de la canallada y el asesinato. Las victimas son siempre los trabajadores. Toda la andanada descomunal que se repite hasta la náusea para adueñarse simbólicamente del problema de la “inseguridad” tiene por objetivo sembrar psicosis para fines desestabilizantes. Es una conspiración de la derecha, de la burguesía y de las mafias que anhelan controlar el aparato del Estado contra toda iniciativa democrática de verdad. De la “inseguridad” que sufren miles de trabajadores que son despedidos, reprimidos, y humillados impunemente ni una palabra, y lo que es peor, si esos trabajadores protestan pasan a ser, según las burguesías, parte de la “inseguridad” porque protestan. Esa es la usurpación de los significados. Nadie más interesado que los trabajadores, en resolver todo tipo de “inseguridad”. Esta claro que no serán los empresarios, ni los clérigos, ni los banqueros, ni los terratenientes, ni los políticos burgueses quienes resolverán el problema. Todo lo contrario. No se resuelve la “inseguridad” con la lógica de quienes la generan. El problema lo resolverá una sociedad socialista que se libere de la explotación y del capitalismo. El problema se resolverá cuando sean los trabajadores quienes decidan, democráticamente, con plena libertad y anhelo de desarrollo, cada aspecto de la vida y puedan disponer, con toda justicia, de todos los recursos económicos. Cuando la riqueza esté bajo el control democrático de la inmensa mayoría de la sociedad, de los trabajadores conscientes, felices y solidarios. Mientras la lucha contra la inseguridad esté en manos de quienes la fabrican, no podemos aspirar a vivir en una sociedad justa, igualitaria y verdaderamente humana, sin explotación ni violencia. Es una verdad cruda que no se escuchará en los mass media... hasta que los democraticemos.
Por eso urge.
-----------------------------------

ENTRE SABANAS








MARCELA REYES COK






ANNALISA LANGWIESER

-----------------------------------

PETROLEO SANGRIENTO SIN DANIEL DAY LEWIS


El saqueo del petróleo iraquí
James Cogan
World Socialist Web Site
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

La concesión que el pasado miércoles se efectuó de los derechos para desarrollar el inmenso campo petrolífero de Qurna Oeste, en el sur de Iraq, a Exxon-Mobil y a la Royal Dutch Shell, subraya una vez más el carácter criminal de la continuada ocupación estadounidense. Como consecuencia directa de la guerra de Iraq, los principales conglomerados energéticos estadounidenses y transnacionales están ahora intensificando su control sobre algunos de los mayores campos petrolíferos del mundo.
Qurna Oeste tiene unas reservas de 8.700 millones de barriles de petróleo. El total de las reservas de Iraq se sitúa en la actualidad en 115.000 millones de barriles, aunque hay docenas de potenciales campos que aún no se han explorado adecuadamente. Antes de la invasión estadounidense de 2003, el régimen baazista de Saddam Hussein había concedido los derechos sobre Qurna Oeste a la firma petrolera rusa Lukoil. El régimen-títere pro-estadounidense ha procedido a anular todos los contratos anteriores a la guerra.
Exxon-Mobil, que tiene su sede en EEUU, es el primer gigante petrolero en beneficiarse. Bajo las condiciones de un contrato de veinte años de duración, la Exxon-Mobil y Shell planean incrementar la producción diaria en Qurna Oeste desde menos de 300.000 barriles a 2,3 millones de barriles al día en los próximos seis años. De la misma forma en que el gobierno iraquí compensa a las compañías por los costes que puedan implicar las mejoras del campo –que pueden llegar hasta los 50.000 millones de dólares-, éstas le pagarán 1,90 dólares por cada barril que extraigan, es decir, alrededor de 1.500 millones de dólares al año. Exxon-Mobil tiene una participación del 80% y Shell del restante 20%.
El contrato es tan sólo el segundo firmado por el régimen de Bagdad con compañías energéticas extranjeras. El pasado martes, el gobierno iraquí concluyó un acuerdo con British Petroleum (BP) y con la China National Petroleum Corp (CNPC), dándoles los derechos de explotación del inmenso campo de Rumaila y sus reservas de 17.000 millones de barriles. BP mantiene un participación de un 38% y CNPC el 37%. El plan es incrementar la producción desde alrededor de un millón de barriles al día a 2,85 millones, lo que generará unos beneficios de 2.000 millones de dólares al año.
El único punto de fricción con que se han topado las transnacionales es que los contratos no se basan en el modelo postulado por el Acuerdo de Producción Compartida (PSA, por sus siglas en inglés), que concede hasta el 40% de los ingresos totales de un campo petrolífero. Incluso los venales individuos que componen el gobierno iraquí rechazaron traspasar los mayores campos petrolíferos del país bajo esas condiciones. En su lugar, los pactos aparecen clasificados como acuerdo de “servicio”. Esto ha posibilitado que el Primer Ministro, Nuri al-Maliki, y su Ministro de Petróleo, Hussain al-Shahristani, ignoren al parlamento y se aprovechen de la ausencia de una ley de hidrocarburos que regule la industria energética.
Pero hay más acuerdos a punto de ultimarse. Un consorcio compuesto por la compañía italiana ENI, Occidental, con sede en EEUU, y Kogas, de Corea del Sur, han firmado un acuerdo provisional para el campo petrolífero de Zubair, que cuenta con unas reservas de 4.000 millones de barriles. Eni, el gigante japonés Nippon Oil y la firma española Repsol están pujando por un campo en Nasiriya que tiene unas reservas de similar tamaño. En el norte de Iraq, la Royal Duth Shell está negociando un contrato para desarrollar zonas sin explotar del importante campo de Kirkuk, del que se cree pueda tener hasta una reserva de 10.000 millones de barriles a pesar de estar en producción desde 1934.
Tras exigir inicialmente mejores condiciones, las compañías energéticas están llegando a acuerdos para mejorar los campos existentes con la esperanza de que así se encuentren en posición ventajosa cuando haya contratos más lucrativos que utilicen el modelo PSA en los 67 campos no explotados que serán subastados este año o el próximo. Aunque les ha llevado más tiempo de lo previsto, los conglomerados energéticos importantes han decidido ahora que Iraq está ya lo suficientemente estabilizado como para que empiece a manar dinero ampliando en gran medida la producción petrolífera del país. El primer paso se ha dado ya al abrir la industria petrolera iraquí, nacionalizada en 1975, a los inversores extranjeros.
Subrayando la naturaleza neo-colonial de esta operación, dos ex altos funcionarios estadounidenses de la administración Bush están ahora facilitando acuerdos corporativos en Iraq. Jay Garner, el primer cargo de la administración ocupante estadounidense en Iraq tras la invasión, es asesor de la compañía energética canadiense Vast Exploration, que tiene una participación del 37% en un campo petrolífero del norte kurdo. Zalmay Khalilzad, ex embajador en Afganistán, Iraq y ante las Naciones Unidas, ha establecido su propia firma de consultoría para las corporaciones en la ciudad kurda de Irbil.
La invasión y ocupación estadounidense de Iraq fue siempre una guerra por los recursos energéticos. Más de un millón de iraquíes han sido masacrados, millones más heridos y traumatizados, sus ciudades e infraestructuras destruidas y decenas de miles de soldados estadounidenses muertos o heridos, todo ello para que EEUU obtuviera el control y dominio de las inmensas reservas de petróleo de Iraq como parte de sus vastas ambiciones en Oriente Medio y Asia Central.
EEUU no pudo conseguir todos sus objetivos regionales tras la primera Guerra del Golfo en 1990-91. El régimen de Husein permaneció en el poder y, a pesar de las continuadas sanciones de las Naciones Unidas, estuvo firmando contratos con compañías como el gigante petrolero francés Total y Lukoil. Desde los últimos años de la década de los noventa del siglo pasado, Rusia y las potencias europeas presionaron para que se levantaran las sanciones y esas compañías pudieran recoger beneficios. La guerra se convirtió para EEUU en el único medio para impedir que sus intereses corporativos quedasen recortados.
Los conglomerados energéticos estadounidenses no se limitaron a ser meros observadores pasivos. Representantes de alto nivel de Exxon-Mobil, Chevron, Conoco-Phillips, BP America y Shell participaron a principios de 2001 en varias negociaciones con el “Grupo de Trabajo para la Energía” de la administración Bush, que estaba encabezado por el Vicepresidente Dick Cheney. Uno de los documentos que se prepararon para las discusiones contenía un mapa detallado de los campos de petróleo, oleoductos y terminales iraquíes, y una lista de las compañías extranjeras, no estadounidenses, que proyectaban instalarse allí. Un informe de mayo de 2001 de ese grupo de trabajo afirmaba sin rodeos el objetivo de EEUU: “El Golfo será el foco principal de la política energética internacional de EEUU”.
Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 ofrecieron un pretexto para la guerra. Las mentiras sobre las armas de destrucción masiva iraquíes se entrelazaron con las patrañas sobre las conexiones iraquíes con Al-Qaida. En el período preparatorio a la invasión, los ejecutivos de la industria petrolífera se reunieron repetidamente con los funcionarios de la administración Bush. Como el Wall Street Journal comentó el 16 de enero de 2003: “Las compañías petrolíferas estadounidenses empiezan a prepararse para el día en que puedan conseguir una oportunidad para trabajar en uno de los países más ricos en petróleo del mundo”.
Tras ahogar en sangre al pueblo iraquí, la oligarquía financiera y corporativa estadounidense cree finalmente llegado el día. Aunque las corporaciones estadounidenses no son las únicas beneficiarias de los contratos, no hay duda de quién tiene la última palabra sobre el suelo iraquí. Con inmensas bases militares en el país y con el régimen de Bagdad vinculado a Washington, EEUU está posición de dictar condiciones a sus rivales europeos y asiáticos y, en medio de las tensiones entre las grandes potencias, blandir la amenaza de cortar los suministros de petróleo, una premisa que no es precisamente nueva en la política estratégica estadounidense.
-----------------------------------

JOHANNA FERNANDEZ













-----------------------------------

HIROSHIMA MON AMOUR


Obama y la bomba
por César Hildebrandt (*)

Al señor Barack Obama lo invitaron a visitar Hiroshima y Nagasaki.
Dado que estaba en Japón, de camino a Singapur, sonaba lógico que el Premio Nobel de la Paz 2009 acudiera a las ciudades que Truman ordenó disolver en sendos holocaustos. Era una buena ocasión para hablar de los nuevos tiempos y de las llamadas “injerencias benévolas”.
Pues bien. Resulta que el señor Obama rechazó la invitación que le hiciera el primer ministro Yukio Hatoyama.
-“Iré a Hiroshima quizá después” –dijo el presidente de los Estados Unidos.
Yo he estado en el Museo de la Paz de Hiroshima y jamás podré olvidar lo que allí vi.
Cuando la bomba estalló aquel 6 de agosto de 1945 lo hizo a unos 700 metros sobre del suelo.
Eran las 8 y 15 de la mañana. La era del terror nuclear había empezado.
Hiroshima no era un blanco militar. Había sido escogida porque las colinas que la rodean encerrarían la explosión haciéndola mucho más devastadora.
El ruido inaudito –una trepidación colosal seguida de una reverberancia- se pudo escuchar a 60 kilómetros. Hubo un resplandor enceguecedor y, de inmediato, una silueta de gelatina hirviendo –el hongo atómico, de dos kilómetros de ancho- se irguió varios cientos de metros.
La temperatura alrededor de los primeros 1,600 metros, contados desde el centro de la explosión, llegó en instantes a un millón de grados. Todo lo humano se evaporó. Los incendios brotaron como si salieran debajo de la tierra.
Un mendigo sentado en las escalinatas del Banco de Hiroshima se convirtió en un dibujo de grasa que ocupó tres peldaños. Ese trozo de escalinata de mármol está en el museo. Se muestra bajo un título que dice “Shadow on de stone” (la sombra sobre la piedra). Es el homenaje que la muerte le hizo al arte aleatorio. Estoy seguro de que mucho del expresionismo abstracto viene de allí.
A doce kilómetros a la redonda, desde el centro de la bomba, todo se destruyó. Y lo que agonizaba o latía o se mantenía en pie fue fulminado de inmediato por un huracán de fuego radiactivo.
Ochenta mil japoneses –el 95 por ciento de ellos población civil, un tercio de la población de Hiroshima- murieron en los primeros treinta segundos de la explosión –que equivalió, como energía, a veinte mil toneladas de dinamita- .
Otros miles morirían a lo largo de los meses y los años venideros a consecuencia de las quemaduras y el incremento brutal del cáncer, especialmente la leucemia.
Las estadísticas hospitalarias que se muestran en la enorme edificación destinada a recordar los horrores de la bomba son conmovedoras: la curva del cáncer infantil de los diez años siguientes a la hecatombe se eleva como un cuervo negro sobre las barras de los años.
En aquel museo uno puede ver lo que puede hacer una bomba atómica: pieles colgando, un caballo que encaneció en unos segundos por la radiación gamma, una caja fuerte de acero estrujada por la onda de choque como si hubiera sido de papel, tenedores convertidos en tirabuzón.
Y por donde uno mire, fotos de gente a medio quemar vagando entre escombros. Esos eran lo que un sobreviviente describió con precisión: “los heridos envidiaban a los muertos”.
Cuando el espanto parecía haber terminado, media hora después de la detonación, empezó a caer del cielo una lluvia sucia de hollín y de partículas, una lluvia de uranio y polvo que terminó de contaminarlo todo.
“Les hemos devuelto el golpe (de Pearl Harbor) multiplicado”, dijo el presidente Truman.
En seguida amenazó con una segunda bomba, “una lluvia de ruina como nunca se ha visto sobre la tierra”. Truman era un hombre de honor y cumplió.
Se entenderá ahora mejor la reticencia de Obama.
Pero no se crea que es sólo el pasado. El presente también le exige discreción sobre el tema nuclear al presidente de los Estados Unidos.
Porque Estados Unidos avala la sombría política de Israel, el único país del medio oriente que tiene entre cien y doscientas bombas atómicas clandestinas y listas para armarse.
Resulta que hace pocas semanas la Agencia Internacional de Energía Atómica le solicitó a Israel unirse al Tratado de No Proliferación Nuclear y permitir que técnicos de la agencia inspeccionen sus vastas instalaciones.Israel no contestó. Estados Unidos hizo todo lo posible para evitar la exhortación y le aseguró a Israel que seguía contando con su apoyo.Los países con arsenal nuclear que no han firmado el Tratado de No Proliferación Nuclear son Israel, India y Pakistán, todos aliados de los Estados Unidos.
Y aunque la Casa Blanca y Tel Aviv pagan millones a sus agentes para hacernos creer que Irán es el problema, lo cierto es que India y Pakistán han estado a punto de pulverizarse y que Israel tiene listo el plan de ataque en contra de Irán.
Para eso acaba de recibir de los Estados Unidos lo último en devastación subterránea: bombas de trece toneladas que se lanzan desde bombarderos Stealth B-2 y B-52 y que pueden romper todos los blindajes de concreto conocidos hasta hoy.
Y si eso no bastara, pues siempre queda el arma atómica, que Estados Unidos no dudaría en justificar.La verdad es que es bueno que Obama no haya ido al Museo de la Paz de Hiroshima.
Lo habría contaminado de mendacidad.

(*) Diario La Primera
-----------------------------------

sábado 7 de noviembre de 2009

LA LÚCIDA COLUMNA DE IGNACIO RAMONET



A veinte años de la caída del Muro de Berlín
Una ocasión perdida

El 9 de noviembre de 1989 caía el muro de Berlín. Veinte años después, mientras el capitalismo, a su vez, vacila bajo los golpes de una crisis sistémica, ¿qué balance se puede establecer de las dos décadas que acaban de transcurrir? ¿Por qué otros muros, igual de indignantes, no se han derribado? Simbólicamente, el hundimiento del muro de Berlín marca la conclusión de la guerra fría así como el fin -aunque la Unión Soviética no se disolvería hasta diciembre de 1991- del comunismo autoritario de Estado en Europa. Pero no el fin de la aspiración de millones de pobres a vivir dignamente en un mundo más justo e igualitario. El muro de Berlín se hunde debido, por lo menos, a tres hechos capitales ocurridos durante la década de 1980:
1/ las huelgas de agosto de 1980 en Polonia, que ponen en evidencia una contradicción fundamental: la clase trabajadora se opone a un presunto "Estado obrero" y al supuesto "Partido de la clase obrera". La teoría oficial sobre la que se basaba el comunismo de Estado se viene abajo;
2/ en Moscú, en marzo de 1985, Mijaíl Gorbachov es elegido secretario general del Partido Comunista de la URSS. Lanza la "perestroika" y la "glásnost", y activa, con las precauciones de un artificiero, la reforma del comunismo soviético;
3/ durante la primavera de 1989, en Pekín, en vísperas de una visita de Mijaíl Gorbachov, miles de manifestantes reclaman reformas similares a las que se llevan a cabo en la URSS. El Gobierno chino hace intervenir al Ejército.
Resultado: cientos de muertos y condena internacional del régimen de Pekín. Cuando, en el otoño de 1989, ciudadanos de Alemania del Este se echan a la calle para exigir reformas democráticas, las autoridades dudan en disparar o no sobre las multitudes. Moscú anuncia que sus tropas estacionadas en Europa del Este no participarán en ninguna represión. La intensidad de las manifestaciones se multiplica. La suerte está echada. El muro de Berlín cae. En unos meses, uno tras otro, los regímenes comunistas de Europa son barridos. Incluidos los de Yugoslavia y Albania. Constatación importante: el sistema se desploma por descomposición interna, y no a causa de una ofensiva del capitalismo que lo habría derrotado.
En esos años, Estados Unidos se halla en grave recesión tras el "lunes negro" de Wall Street acaecido dos años antes (el Dow Jones había caído, el 19 de octubre de 1987, un 23%). Pero la interpretación que se dará es que, en el enfrentamiento que opone, desde el siglo XIX, el comunismo al capitalismo, éste se ha impuesto. Por KO. De ahí una suerte de ebriedad intelectual que hará creer a algunos en el "fin de la historia". Error fatal. Al perder a su "mejor enemigo" -el que, mediante una relación de fuerzas constante, le obligaba a autorregularse y a moderar sus pulsiones-, el capitalismo se dejará arrastrar por sus peores instintos. Olvidando la promesa de hacer que el mundo se beneficie de los "dividendos de la paz", Washington impone en todas partes, a marchas forzadas, lo que cree ser la idea triunfal: la globalización económica. Es decir, la extensión al conjunto del planeta de los principios ultraliberales: financiarización de la economía, desprecio por el medio ambiente, privatizaciones, liquidación de los servicios públicos, precarización del trabajo, marginación de los sindicatos, brutal competencia entre los asalariados del mundo, deslocalizaciones, etc. En resumen, una vuelta al capitalismo salvaje. El multimillonario estadounidense Warren Buffet proclama: "Hay una lucha de clases, por supuesto, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que dirige la lucha. Y nosotros ganamos" (1).
En el plano militar, Washington despliega su hiperpotencia: invasión de Panamá, guerra del Golfo, ampliación de la OTAN, guerra de Kosovo, marginación de la ONU... Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, George W. Bush y sus "halcones" deciden castigar y conquistar Afganistán e Irak. Reducen la ayuda a los países pobres del Sur y lanzan una cruzada contra el "terrorismo internacional" utilizando todos los medios, incluidos los menos nobles: vigilancia generalizada, tortura, "desapariciones", prisiones secretas, penales ilegales como el de Guantánamo... Creen en un mundo unipolar, dirigido por unos Estados Unidos hegemónicos, seguros de sí mismos y dominadores. El balance será desastroso: ninguna victoria militar real, una inmensa derrota moral y una gran destrucción ecológica. Sin que los principales peligros hayan sido eliminados. La amenaza terrorista no ha desparecido, la piratería marítima se agrava, Corea del Norte se ha dotado de armas nucleares, Irán podría hacerlo... Oriente Próximo sigue siendo un polvorín... El mundo ha pasado a ser multipolar. Varios grandes países -Brasil, Rusia, la India, China, Sudáfrica- forjan alianzas al margen de las potencias tradicionales. En Suramérica, Bolivia, Ecuador y Venezuela exploran nuevas vías del socialismo. Hasta el recurso al G-20 con motivo de la crisis económica global confirma que los países ricos del Norte no pueden solventar en solitario los principales problemas mundiales. La oportunidad histórica que constituía la caída del muro de Berlín se ha desperdiciado. El mundo de hoy no es mejor. La crisis climática hace pender sobre la humanidad un peligro mortal. Y la suma de las cuatro crisis actuales -alimentaria, energética, ecológica y económica- da miedo. Las desigualdades han aumentado. La muralla del dinero es más imponente que nunca: la fortuna de las quinientas personas más ricas es superior a la de los quinientos millones más pobres... El muro que separa el Norte y el Sur permanece intacto: la malnutrición, la pobreza, el analfabetismo y la situación sanitaria incluso se han deteriorado, particularmente en África. Por no hablar del muro tecnológico. Además, se han levantado nuevos muros: como el edificado por Israel contra los palestinos; o el de Estados Unidos contra los emigrantes latinoamericanos; o los de Europa contra los africanos... ¿Cuándo decidiremos destruir de una vez para siempre todos esos muros de la vergüenza?
Notas: (1) The New York Times , 26 de noviembre de 2006.
------------------------------- ----