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martes, 25 de noviembre de 2008

CRISIS DE REALISMO











Una crisis que no es crisis... pero parece una crisis
por Guillermo Giacosa (*)

Pocas veces el mundo se ha parecido tanto a la representación de nuestros deseos inconscientes como ahora. Leer los diarios o ver la televisión se ha convertido en una suerte de torneo en el que quienes allí expresan sus ideas compiten por demostrar quién es más optimista o quién está en mejores condiciones de probar que la crisis actual no es una crisis aunque parezca una crisis. Es difícil competir con esa suerte de optimismo forzado, pues este cierra los oídos y desvía cualquier argumentación, por sólida que sea, a una vía muerta. Se dice que lo que ocurre en la actualidad no es porque seamos más pobres, sino porque hay ciclos y los ciclos económicos... etc., etc., etc.Me cuesta acomodarme a esa versión, pues las cifras, que suelen ser muy descaradas, me dicen otra cosa. Pienso que, quizá, las cifras que me llegan sean solo una vertiente de la realidad, una vertiente no equivocada, pero sí poco difundida. Por tanto, quiero compartir esos hallazgos con los lectores. Saber, por ejemplo, que Ford Motors perdió 129 millones de dólares en el tercer trimestre y vendió parte de su participación en Mazda no es alentador... y mucho menos enterarse, por su mismo presidente, que la automotriz se acogerá a la ley de quiebras. Por su parte, Chrysler informó que, sin una ayuda inmediata del Estado, no tendrá recursos suficientes y deberá convocar la quiebra.A su vez, la General Motors vendió el tres por ciento de Suzuki por 230 millones de dólares y su presidente pidió al Congreso de Estados Unidos otros 25 mil millones de dólares para evitar la quiebra de la industria automotriz, dinero que se sumará a un monto similar ya aprobado. De caerse los gigantes automotrices, se perderían ¡tres millones de empleos! Nunca antes esta industria enfrentó una recesión de la naturaleza de la actual y, por mucho tiempo, fue quien encabezó la producción en masa en EE.UU. Este año, casi como un anticipo de la debacle, Toyota desplazó a General Motors del liderazgo mundial que esta mantuvo por 77 años.Por otro lado, el Citigroup, el grupo bancario más poderoso y representativo de EE.UU., tuvo una caída bursátil demoledora. Desde fines del 2006 hasta el presente su derrumbe fue del 90%. En números concretos, se trata de haber pasado de 274,000 millones de dólares en el año antes señalado, a solo 18,000 millones la semana pasada. La caída no ha podido ser detenida con los 75,000 despidos, ni con nuevas inversiones de Arabia Saudita, y en la actualidad está procurando compradores para algunos de sus negocios financieros.Me pregunto si monstruos de la economía y las finanzas como el Citigroup o monstruos de la producción automotriz como General Motors, Ford o Chrysler se hallan en la situación que he descrito más arriba, qué estará pasando con bancos y empresas de menores recursos. No es difícil suponer que la están pasando de mal a muy mal.No veo otra salida que ser capaces de analizar críticamente lo sucedido, sin anteojeras ideológicas y sin dejarse influir por intereses sectoriales.


(*) Diario Perú21.

Buen artículo de Guille cuya permanencia en este diario ha pasado a ser uno de los misterios sin resolver del universo.
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domingo, 9 de noviembre de 2008

EL SECRETO DE OBAMA






Llegó a la presidencia, ¿llegará al poder?
por Guillermo Giacosa (*)

Podía entender las lágrimas del reverendo Jesse Jackson o las de Oprah Winfrey, ambos negros, pero lo que realmente me conmovió fue la mirada arrobada con la que muchas mujeres blancas seguían las palabras de Obama. El cuadro final, luego del discurso del nuevo presidente electo, volvió a conmoverme. Ver juntas a las familias del presidente y del vicepresidente, afroamericana una y WASP (blanco, anglosajón y protestante) la otra, con ancianos y niños incluidos y en las que el color de la piel, que solo es un accidente, aparecía realmente como un accidente, adquiría el carácter de mensaje de un país que estuvo siempre oculto y que durante los últimos ocho años parecía haber sido sumergido en el más tenebroso de los olvidos.Es una buena noticia el ingreso de un negro a la Casa Blanca, pero mientras no sepamos cuál es su margen de maniobra, o cuánto de lo aprendido de la historia de su pueblo marcará sus políticas, debemos alegrarnos por la desaparición, en olor de maldición, de George W. Bush, el peor presidente de la historia de EE.UU. Su partida significará un alivio universal que festejarán, en todo el planeta, los seres humanos libres, no alienados por la propaganda o no comprometidos por intereses particulares. El interlocutor de Dios se va con su cola de diablo entre las patas y, si hubiera realmente justicia y EE.UU. fuera lo que mostró el 4 de noviembre, debería ser sometido, junto con Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz y compañía, a un juicio similar al que afrontan los acusados como criminales de guerra de la ex Yugoslavia. No ocurrirá. Desgraciadamente, esas cosas no ocurren en EE.UU. Y no ocurren porque hay intereses superiores a los que todos sirven y que hacen a la esencia de un sistema en la que los presidentes, a pesar de todo el entusiasmo democrático que puedan tener o que puedan suscitar, no pueden cambiar. Los que lo intentan suelen terminar mal. ¿Podrá Obama, al menos el Obama que hoy creemos que es, desafiar estos poderes y realizar realmente un cambio? Lo dudo. ¿Podrá Obama, luego de haber ascendido a la presidencia, controlar el poder? Es difícil y, en muchos casos, excede la voluntad del candidato ganador. Serán otros los métodos sin lugar a dudas, y eso, en una primera etapa, tendrá el sabor de un cambio. Pero será un cambio en la superficie, un efecto de la cosmética sobre la política. El resto es una batalla contra los deshumanizados poderes representados por el complejo industrial-militar y por los otros grandes grupos económicos que, dueños de la abundancia, parecen insaciables en su empeño por aumentarla. Un Congreso largamente favorable al presidente Obama es, también, una buena señal. ¿Pero, cuántos de esos congresistas representan el lobby de quienes manejan los hilos del poder profundo que está enquistado y suele mandar en los dos partidos tradicionales? No la tiene fácil el nuevo presidente. Su carisma, su inteligencia y, por sobre todo, su impresionante control emocional juegan a su favor. Ojalá llene las expectativas del pueblo oculto que el 4 de noviembre volvió a decir presente.

(*) Diario Perú21
Este blog ya ha dicho (y con bastante anticipación) que no cree en Barack Obama.
La reciente presencia de tantos carpetbaggers y scalawags en su mas cercano entorno nos lo pintan como un tipo al que hay que mirar con sumo cuidado y del cual Latinoamerica no puede esperar absolutamente nada. Solo un negro porvenir.

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jueves, 6 de noviembre de 2008

LO QUE QUIERE EL NEGRO





Mister Obama va a Washington por
César Hildebrandt (*)
Fidel Castro tiene esperanzas en que Barak Obama cambie su política hacia Cuba. De pronto ignora que el voto hispano que ha impulsado a Obama al triunfo en Florida -con menos de dos puntos porcentuales de diferencia- es el voto conservador viajado de Cuba a Miami y que ya ha producido dos generaciones de lo que Castro suele llamar, muchas veces con legítimo desprecio, “gusanos”.Esa hipoteca no es basura precisamente. Y nadie puede hallar entre el follaje crecido de la oratoria “poética” del nuevo presidente de los Estados Unidos ningún compromiso de cambiar, por ejemplo, la naturaleza del embargo que pesa sobre Cuba.A lo que estaría dispuesto Obama es a negociar un levantamiento del embargo a cambio de algunas concesiones libertarias en Cuba, algo que los dirigentes de la isla no están dispuestos a negociar porque saben que se les va la vida -la frase podría ser tomada literalmente- en un asunto como este.De modo que debo suponer que el contento de Castro nace del hecho de que John McCain ha sido relativamente rechazado por el electorado norteamericano -aunque 56 millones de votos tampoco son desdeñables-. Castro está convencido de que McCain habría devuelto al mundo a los tiempos de la guerra fría y que con Obama un capítulo de diversos entendimientos se abre, promisoriamente, a la agenda global.Es probable que el líder cubano, más o menos encerrado en su búnker habanero, ignore también que no es que McCain pudiese habernos regresado a la confrontación. Es que estamos en plena confrontación. Lo dice la “paz romana” que abruma a Bagdad, que se quiebra en Kabul con miles de muertos civiles, lo dice la tensión que enfrenta a rusos y georgianos con el pretexto de las Osetias, que pone a la OTAN de cabecera de playa de la política de Washington, que amenaza a Irán por querer tener lo que Israel posee por docenas, que se precipita sobre Gaza con ruido de metralla aérea y convicción de impunidad.Creeré en Obama si se enfrenta diplomática y moralmente a Israel y le impone una agenda pacifista en nombre de los intereses mundiales. En ese momento me tragaré al sapo de la fábula, me quitaré el sombrero que no uso y haré de mi retractación un espectáculo.Creeré en Obama si le ordena a la CIA que cese su intervención en Bolivia, sus provocaciones en Venezuela, que cierre sus sucias cárceles internacionales en donde se depositan presos sin nombre a quienes se les tortura en nombre, precisamente, de la libertad amenazada.Creeré en Obama si admite que la frase “el eje del mal” fue un invento de la arterioesclerosis reaganeana y una fenicia conveniencia para la Halliburton.Creeré en Obama si, después de retirar sus tropas antes de los 16 primeros meses de su administración, le pide perdón al pueblo iraquí por las atrocidades que debió sufrir a partir de una mentira descomunal y de unas armas de destrucción masiva que la CIA inventó trucando fotos satelitales y repitiendo la mentira en cadencia nazi. Lo que pasa es que ayer mismo el señor Obama llamó a McCain “un gran patriota” y hoy por la mañana el señor Colin Powell -el farsante secretario de Estado que expuso ante la ONU las razones por las que Irak debía ser exterminado como país autónomo- ya se había presentado como asesor de Barak Obama. ¿Así se entiende el cambio o es que el color de la piel de Colin Powell es suficiente hoja de vida para el señor Obama?Creeré en Obama cuando su manejo de la crisis económica se parezca remotamente siquiera a lo que, entre vaguedades, ha llamado “un nuevo sentido de la justicia y de la distribución de la riqueza”. ¿O es que seguiremos viendo cómo el dinero público tapa los forados del hampa bancaria mientras 47 millones de norteamericanos carecen de seguro médico y otros tantos corren el riesgo de perder sus empleos o sus casas?Obama es la enésima ilusión de un imperio que, como todo imperio, sólo aspira a durar. A los imperios no los cambia un hombre sino que los arruina la decadencia. Roma estaba muerta cuando Constantino la cambió de fe. El zarismo era un cadáver cuando los bolcheviques lo enterraron. Y los bolcheviques eran momias cuando el muro se les desplomó. Los americanos sujetos al virreinato se liberaron de lo que ya era sólo el esqueleto del imperio español.No sé, por supuesto, cuántos años le queden al imperio norteamericano y no puedo imaginar si su fin será como el de los otomanos o como el de los persas. Lo que sí puedo decir es que no conozco un solo caso de imperio que no haya sido neutralizado o fulminado por fuerzas procedentes del exterior. Y, desde ese punto de vista, Obama es un norteamericano nacionalista que quiere rejuvenecer la fe en su país y que aspira a que el imperio se prolongue.¿Le bastará al mundo alterado de estos años una cierta moderación, unos cuantos modales, un nuevo pragmatismo? Porque ese es el programa más radical que ofrece Barack Obama. ¿Será suficiente para un mundo en crisis de recursos y de energía? ¿Será Obama suficiente para un imperio armado como nadie y desarmado como nadie en asunto de principios y ética internacional? Me temo que no. Me temo que la ilusión mediática ha vuelto a encandilar a la platea.

(*)Diario La Primera
Estados Unidos: país de partido único por
Guillermo Giacosa (*)
Al momento de escribir estas líneas, ignoro cuál ha sido el resultado de las elecciones en EE.UU. En los últimos días, la campaña mostró la falta de escrúpulos de los republicanos que, entre otras muchas cosas, afirmaron que el programa de impuestos de Barack Obama era comunista y se parecía al de Cuba. Quien hizo esta afirmación fue el senador cubano-gringo por La Florida, Mel Martínez, quien, sin embargo, no considera socializantes las impetuosas intervenciones estatales en la economía. Todo es política y pareciera que siempre gana el que esgrime la mentira más creíble o quien tiene mejores amigos en los estados que definen la elección, como ocurrió en la trágica (supongo que ahora entenderán por qué) elección que determinó, fraude de por medio, el triunfo de George W. Bush sobre Al Gore. De aquel momento me quedó una inquietud que no recuerdo haber formulado antes, pero que sí vino varias veces a mi mente. ¿Por qué Al Gore aceptó con tanta resignación que le birlaran la presidencia? ¿Qué intereses se mueven para que un hecho escandaloso como el recuento de votos en Florida quedara sin una investigación hecha en buena y debida forma? Mi impresión, avalada por datos de la realidad que solo la ceguera ideológica no permite ver, es que los EE.UU. es una estado corporativo de partido único. Que se llamen demócratas o republicanos es casi una anécdota. En el fondo defienden exactamente lo mismo: la prolongación del predominio de las corporaciones estadounidenses en la economía mundial a cualquier precio. Léase bien: no digo que ambos partidos o ambas partes del mismo partido defienden los intereses del pueblo de EE.UU. Solo defienden el interés de sus corporaciones, que no siempre (o, mejor dicho, casi nunca) coincide con los intereses de los sectores mayoritarios de su país. De otra forma no podría comprenderse que, con las cifras delirantes de sus presupuestos, haya en la superpotencia 43 millones de pobres y nueve millones de niños sin acceso a los cuidados de la salud. Esa gente, y quienes teniendo una mejor posición poseen sensibilidad social, deben sentir que el llamado 'sueño americano’ es una pesadilla cotidiana.Una pesadilla en la que se salva bancos, aseguradoras, financieras y se deja, a la buena de Dios, al individuo que no ha sido lo suficientemente competitivo como para aprovechar las oportunidades que el país cree haberle brindado. Repito que ignoro quién ganó las elecciones pero, para mostrar la estirpe republicana, que es la peor cara del mismo y único partido que gobierna, es bueno citar las inteligentes declaraciones del gobernador de California, que prueban que los músculos en los brazos no siempre están acompañados por un cerebro que los gobierne adecuadamente. Dijo así Arnold Schwarzenegger: “McCain ha servido al país más tiempo en un campo de prisioneros de guerra que su rival en el Senado de EE.UU.”. De lo que no dudo es que, de ganar McCain, en poco tiempo, muchos maldecirán a los vietnamitas por haberlo liberado.

(*) Diario Perú21.
No podemos mas que estar completamente de acuerdo con estas dos versiones sobre lo que nos espera con el futuro gobierno del Sr Obama, quien además, de botarse como el lider del mundo libre, tiene la obligación de ver por los intereses de su país, su pueblo y sus patrones.
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miércoles, 5 de noviembre de 2008

GIACOSA X DOS (*)







¿Un administrador para la decadencia?
Muchos años de logros, algunos asombrosos, y de marquetear una imagen de cuna y alma de la libertad y la democracia a través de un imperio cultural (encabezado por Hollywood y sostenido en base a un gran poder de intervención económica y militar fuera de sus fronteras), Estados Unidos ha creado en el imaginario popular –propio y ajeno– la fantasía de una nación invencible. Y, en verdad, si las guerras no tuviesen un alto costo económico y político, podríamos admitir que lo fue, a pesar del fracaso en Vietnam, del actual empantanamiento en Irak y en Afganistán y de la mirada al costado cuando Rusia respondió a Georgia con su extraordinario poder de fuego. Ese imaginario –donde Superman todavía vuela, Batman hace justicia en Ciudad Gótica, Búfalo Bill pone en su sitio a los indios y Dios los ha designado para que cumplan su 'destino manifiesto’– no admite debilidades. Las guerras perdidas en la realidad son ganadas en el cine, y su poderosa prensa sigue sugiriendo que nacer en EE.UU. es lo mejor que le puede pasar a un ser humano. Millones de desocupados y hambrientos queriendo llegar a sus costas le confirman esta creencia. La mayoría ignora que más de 40 millones en el interior del propio EE.UU. anhela llegar también al país de las oportunidades que ellos nunca encontraron, a pesar de haber nacido allí y morar en su territorio. El fracaso estrepitoso de la experiencia comunista liderada por la URSS confirmó a los estadounidenses en su versión de haber elegido el camino correcto de la historia y, para muchos, incluido el actual y desteñido presidente, la certeza de contar con el favor de Dios.En verdad, a pesar de sus inmensas riquezas, a EE.UU., como antes a otros imperios, les tocará ser testigos de su propio ocaso. Los principales enemigos, según mi percepción, no serán los países que puedan entusiasmarse con la decadencia del más poderoso imperio de la historia de la humanidad, sino ellos mismos. Su incapacidad funcional para considerar al otro (al no estadounidense) como un ser autónomo con pensamiento y orientación propia, pensamiento que les ha llevado a los fracasos de Vietnam, Irak, Afganistán y a perder la credibilidad, su mayor patrimonio en un tiempo, entre quienes compartimos la aventura humana en el planeta Tierra. Si hoy el pueblo de EE.UU. elige al pequeño McCain, habrá acelerado su marcha hacia el ocaso, pues este soldado no se distingue demasiado de Bush y continuará con políticas externas dictadas más por el orgullo que por la razón. Su obsesión con Irak merecería que se le pregunte: ¿qué es para usted ganar o perder, señor McCain? Podemos imaginar su respuesta enmarcada en un final hollywoodense con la bandera de EE.UU. flameando allí donde no le corresponde.Si gana Obama, podremos al menos ilusionarnos con algo distinto, aunque a la postre, salvo milagros, será más de lo mismo. En todo caso, será un ocaso más escalonado y, seguramente, EE.UU., al dejar de ser el árbitro y última palabra de todos los conflictos, pueda ocupar un lugar respetable en la consideración ajena.

¿Qué es una crisis capitalista?
Santiago Alba Rico es un filósofo, escritor y ensayista español cuya observación crítica del mundo –que compartimos– lo conduce a lúcidas reflexiones que siempre expresa con una diáfana claridad pedagógica. En tiempos de sombra y confusión, es saludable sumar visiones del espanto que nos visita desde mucho antes de que se declare la crisis, y sobre la que los medios de comunicación solo repiten muletillas que sirven para adormecer la conciencia de la población, mantener vivo (de los que aún están vivos) un mínimo de esperanza y sostener así un sistema cuyos límites de deshumanización espantarían, si se tuviese la información adecuada, a todo aquel que tuviese la piel más delgada que la de un cocodrilo. Santiago Alba Rico, hombre de izquierda para su información, se pregunta: ¿Qué es una crisis capitalista? Y propone, como respuesta, ver primero aquello que no es una crisis capitalista. Y esto es lo que enumera como hechos que no determinan una crisis del capitalismo: “Que haya 950 millones de hambrientos en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista. Que haya 4,750 millones de pobres en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista. Que haya 1,000 millones de desempleados en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista. Que más del 50% de la población mundial activa esté subempleada o trabaje en precario, eso no es una crisis capitalista. Que el 45% de la población mundial no tenga acceso directo a agua potable, eso no es una crisis capitalista. Que 3,000 millones de personas carezcan de acceso a servicios sanitarios mínimos, eso no es una crisis capitalista. Que 113 millones de niños no tengan acceso a educación y 875 millones de adultos sigan siendo analfabetos, eso no es una crisis capitalista. Que 12 millones de niños mueran todos los años a causa de enfermedades curables, eso no es una crisis capitalista. Que 13 millones de personas mueran cada año en el mundo debido al deterioro del medio ambiente y al cambio climático, eso no es una crisis capitalista. Que 16,306 especies estén en peligro de extinción, entre ellas la cuarta parte de los mamíferos, no es una crisis capitalista. Todo esto ocurría antes de la crisis. ¿Qué es, pues, una crisis capitalista? ¿Cuándo empieza una crisis capitalista? Hablamos de crisis capitalista cuando matar de hambre a 950 millones de personas, mantener en la pobreza a 4,700 millones, condenar al desempleo o a la precariedad al 80% del planeta, dejar sin agua al 45% de la población mundial y al 50% sin servicios sanitarios, derretir los polos, denegar auxilio a los niños y acabar con los árboles y los osos, ya no es suficientemente rentable para mil empresas multinacionales y para dos millones y medio de millonarios”. A lo que no constituye una crisis capitalista podríamos agregar, para hacerlo más doloroso y entrañable, todo aquello que ocurre por nuestras tierras, donde la mezquina promesa de un 'chorreo’ de la riqueza acumulada durante estos años de bonanza se ha revelado como una triste mentira.

(*) Diario Perú21

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lunes, 3 de noviembre de 2008

APEGOS DERECHISTONES





El carnaval terminó, hay que sacarse el disfraz
por Guillermo Giacosa (*)

Cuando el carnaval ha sido muy prolongado, los payasos terminan por incorporar su disfraz como una segunda piel y siguen actuando como si la fiesta continuara. Alguien debería decirles, sin embargo, que estamos viviendo el duelo de la fiesta concluida, con resultados que revelan un despilfarro mayor del imaginado, y que sería bueno, por tanto, que se quiten el disfraz, inicien una cura de silencio y se preparen para evaluar críticamente los desmanes producidos. Seguir hablando con la nariz roja, adosada a su propia nariz, si es que aún la tienen, y la voz afectada, como la calificadora de riesgos Standar and Poors que, unos días antes de su descalabro total, aseguraba para el banco Lehman Brothers la más alta calificación en materia de seguridad financiera, indica desvergüenza o simplemente emula a aquellos soldados japoneses que, refugiados en la jungla, no se habían enterado de que la Segunda Guerra Mundial había terminado hacía más de treinta años. Es posible que tercos y nostálgicos padezcan el síndrome del soldado japonés, con el agravante de que su aislamiento es más una prueba de locura que de falta de información. Nadie cree que el sistema capitalista haya llegado a su fin. Muchos sí creemos que esta forma salvaje, inhumana e irracional de capitalismo ha concluido su faena y a poco que seamos capaces de evaluar los daños producidos a la mayor parte de la humanidad, a los ecosistemas y a los valores que debieran poner al ser humano como centro de nuestros empeños, podremos construir una respuesta que, en primer lugar, asegure la prolongación de la vida en el planeta y con ello la supervivencia de la especie humana. Para que así ocurra habrá que devolverle a ese ser humano maltratado y ninguneado la dignidad que le fue hurtada durante tantos años, en los que la única globalización realmente generalizada fue la globalización de la pobreza. Terminada la fiesta la factura es grande, pero más grande aún es la desvergüenza con la que aquellos que dijeron no tener dinero para salvar poblaciones del hambre, niños del desamparo, mujeres embarazadas de partos mortales, enfermos de sida y tuberculosis de una muerte segura, etcétera, hayan aparecido con un paquete de 2,500 millones de millones de dólares para salvar el andamiaje que aceitó la marcha hacia la conclusión del carnaval. El sistema que abominó de subsidios que podían salvar vidas y proteger el medio ambiente sale ahora campante y decidido a salvar las instituciones que medraron desconsideradamente y en beneficio de unos pocos con un orden económico y social, destinado a concentrar la riqueza y generalizar la pobreza. La realidad es que hoy mueren de hambre 60,000 seres humanos por día; las 33 personas más ricas totalizan un capital de 937,500’000,000 mientras el ingreso per cápita de 3,000 millones de pobres es inferior a los 75 dólares mensuales y el de los más pobres aun es de 30 dólares al mes, etcétera. Ese es el resultado del carnaval. ¿Les quedan a los payasos ganas de reanudarlo?

(*) Diario Perú21
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